Los Capuchinos
son un ramal reformado de la Primera Orden de San Francisco de Asís que tienen su origen en los años 1520.
Los primeros capuchinos fueron inspirados por el deseo de buscar mayor pobreza y conversión evangélicas
y oración personal solitaria. Desde muy temprano se dedicaban también a la tarea de predicación popular
con la meta de conversión, y el servicio directo a los pobres y enfermos.
Como gozaban de mucho cariño de parte de la gente humilde, la Iglesia Romana Católica
les utilizaba como fuerzas espirituales en la lucha contra la Reforma Protestante.
Los Capuchinos fueron conocidos por predicar la Pasión de Cristo y promover devoción
a la Santísima Virgen María. En el siglo pasado, eran conocidos además de dirigir misiones cuaresmales
y la «Cuarenta Horas» adoración solemne del Santísimo Sacramento.
Servían en albergues para los pobres y atendieron a los enfermos,
con unos 2000 frailes ofreciendo sus vidas como mártires de caridad en cuidar las víctimas de la Plaga.
Desde el principio, los Capuchinos, como los compañeros originales de San Francisco,
eran una fraternidad mixta de hermanos legos y sacerdotes. El primero santo capuchino,
Félix de Cantalicio, era un hermano lego analfabeto que fue mendigando por los frailes
y por los pobres en las calles de Roma. Le sigue una fila larga de otros hermanos legos santos,
beatos y siervos de Dios que desempeñaron las tareas de limosneros, porteros, cocineros,
jardineros y enfermeros.
Cuentan con San Francisco María de Camporosso, un hombre violento que se convertió
y llegó a ser fraile y que ofreció su propia vida como un holocausto para el fin de la Plaga en Milano.
Nuestro San Serafín de Montegranario, un hermano un poco torpe y tosco que oró por los que le molestaban,
y por eso ganó el favor de Dios en recibir respuestas a sus oraciones y poder realizar milagros.
El sacerdote-predicador más grande entre los Capuchinos es San Lorenzo de Brindisi,
un Doctor de la Iglesia que prácticamente memorizó toda la Biblia,
podía predicar en hebreo y no tenía miedo de guiar las tropas cristianas
hasta el punto más intenso de la batalla.
Santos tal como Fidel de Sigmaringa y José de Leonisa han seguido su ejemplo.
El santo capuchino contemporáneo más conocido es Padre Pío de Pietrelcina,
que fue favorecido con dones místicos de su juventud y llevó, así como San Francisco,
las llagas de Cristo en su propio cuerpo por cincuenta años.
Como otro santo capuchino reciente, Leopoldo de Castelnuovo, Padre Pio pasó horas innumerables
en el confesional absolviendo pecados y dando consejo espiritual.